Gestión de Riesgos

Seguridad que ahorra: la gestión de riesgos como estrategia empresarial en el Perú

El avance de la criminalidad genera pérdidas equivalentes al 2,2% del PBI y obliga a las empresas a replantear la seguridad como un factor clave de continuidad operativa y competitividad.

La inseguridad se ha convertido en un factor económico que condiciona las decisiones empresariales en el Perú. De acuerdo con el Banco Central de Reserva (BCR), el impacto económico de la criminalidad alcanza el 2,2% del Producto Bruto Interno (PBI), reflejando no solo el daño que genera el delito, sino también la necesidad de proteger operaciones, inversiones y empleo en un entorno cada vez más complejo.

Este escenario ha llevado a que la seguridad deje de entenderse únicamente como un gasto reactivo y pase a asumirse como una inversión estratégica. La adopción de modelos de prevención, inteligencia aplicada y control operativo permite a las empresas reducir interrupciones, evitar pérdidas y proteger la continuidad de sus proyectos. En la práctica, una gestión eficiente del riesgo delincuencial no incrementa costos: los ordena, los hace previsibles y contribuye a sostener la rentabilidad en contextos de alta exposición al delito.

Costos visibles e invisibles para las empresas

La criminalidad genera costos directos, como robos o sabotajes, y otros menos evidentes que afectan la gestión empresarial. Retrasos en proyectos, penalidades contractuales, incremento de primas de seguros, rotación de personal y deterioro del clima laboral forman parte del impacto cotidiano de la inseguridad. Frente a este contexto, cada vez más empresas priorizan esquemas de prevención que permitan anticipar riesgos y reducir pérdidas operativas antes de que ocurran.

El BCR advierte que la inseguridad reduce la productividad y desincentiva la inversión, especialmente cuando predominan delitos violentos y extorsivos. En el comercio minorista, por ejemplo, más del 80% de los bodegueros identifica la inseguridad —robos y extorsiones— como su principal problema de negocio, incluso por encima de factores económicos. Esta percepción evidencia que la seguridad se ha convertido en una condición básica para la sostenibilidad de las operaciones.

Extorsión y riesgo delincuencial en el sector construcción

Uno de los sectores más expuestos a la criminalidad cotidiana es el comercio. Según análisis de Police Research, el 38.7% de las empresas víctimas de robo o hurto pertenecerían a este sector. En particular, el hurto opera como un delito silencioso con un impacto acumulado que se traduce en merma, quiebres de inventario, mayores costos de control, presión sobre márgenes y desgaste operativo. Además, el riesgo tiende a intensificarse en campañas y horarios de mayor afluencia, elevando la exposición en momentos clave de venta

Ante este escenario, la gestión del riesgo delincuencial ofrece una respuesta preventiva. Este enfoque permite identificar vulnerabilidades desde la etapa inicial de los proyectos, mapear actores de riesgo y activar protocolos respaldados por tecnología de trazabilidad y monitoreo, reduciendo la exposición a incidentes que comprometen la continuidad operativa.

Seguridad empresarial como herramienta de eficiencia

Especialistas coinciden en que la seguridad dejó de ser solo un gasto para convertirse en una herramienta de eficiencia y ahorro. El uso de información, monitoreo remoto y plataformas de gestión del riesgo permite tomar decisiones basadas en datos y optimizar recursos. Cada incidente evitado representa una obra que no se detiene, un contrato que se cumple y una reputación empresarial que se protege.

En un contexto donde el delito se diversifica y se vuelve más sofisticado, la seguridad empresarial se consolida como un factor clave para asegurar la continuidad operativa, proteger la inversión y fortalecer la competitividad de la economía peruana.